El sistema financiero se entiende como el conjunto de instituciones públicas y privadas por medio de las cuales se captan, administran, regulan, dirigen y colocan los recursos financieros que se negocian entre los diversos agentes económicos dentro de un marco de legislación dado, de este modo, se encarga de captar recursos, para canalizarlos a los sectores deficitarios. Cabe precisar, que la estructura del sistema financiero abarca un conjunto de instituciones e instrumentos de inversión y financiamiento que hace posible la intermediación financiera. Así, el sistema financiero se convierte en el receptor de las dos grandes fuerzas de la economía, la demanda y la oferta de dinero de quienes lo necesitan y de quienes lo tienen en exceso respectivamente.
El sistema financiero, para su funcionamiento, cuenta con dos grandes mercados; por un lado, el mercado de dinero; en el cual se negocian instrumentos con vencimientos de corto plazo iguales o menores a un año, a este mercado concurren agentes económicos que tienen excedentes temporales de dinero para prestarlos a cambio de un “premio”, es decir; una tasa de interés, pero asumiendo riesgos moderados. Por otro lado, se encuentra el mercado de capitales, constituido como una gran fuente de financiamiento para las empresas, a él se recurre cuando estas requieren concretar sus proyectos de expansión y crecimiento, en este mercado se negocian instrumentos de largo plazo, con vencimientos mayores a un año y en donde el riesgo de invertir es un poco más alto. Cabe resaltar que ambos mercados tienen una gran influencia en el fortalecimiento de la economía de un país, ya que son los propulsores del ciclo económico.
Como efecto del avance inexorable de la globalización, los sistemas financieros se han transformado de locales a mundiales, en los últimos años dichos sistemas financieros han estado sometidos a situaciones de riesgo extremo, las fluctuaciones impredecibles en los tipos de cambio, las oscilaciones abruptas de las tasas de interés, las variaciones extremas en las tasas de crecimiento del PIB, la volatilidad de las tasas de inflación, la apertura y la internacionalización, han propiciado una mayor aversión al riesgo por parte de los inversionistas, quienes se mueven en busca de destinos de bajo riesgo y altos rendimientos para colocar sus inversiones, lo que ha derivado en perturbaciones para algunas economías locales como consecuencia de la fugas de capitales.