La administración de justicia es una parte fundamental del sistema jurídico ya que a través de ella se intenta dar solución a los conflictos de relevancia jurídica, mediante la interpretación y aplicación de los criterios y las pautas contenidas en las leyes y demás disposiciones generales.
El juez debe equilibrar la necesidad del cambio con la observación de lo existente. El juez debe esforzarse por acotar la distancia entre la vida y el Derecho dentro de las expectativas razonables. Es deber del juez actuar con objetividad, debe contar con los requisitos normativos externos a él, determinados por los valores básicos de la sociedad en la que vive. Debe identificar y dar expresión a esos valores, aún y cuando no los comparta. Debe abstenerse de imponer sus propios valores a la ciudadanía, inevitablemente el juez es producto de su época, formado por el tiempo y la sociedad en que se desenvuelve. Hace algunos años los jueces no habían concebido la idea de resolver conflictos en torno a temas como cambio de género y su nueva identidad o quizá temas como sociedades en convivencia o peor aún matrimonio entre personas del mismo género.
Los jueces deben realizar su misión con miras a garantizar el cumplimiento de la ley. La ley está en continua evolución. Un esquema normativo que no permita el desarrollo llegaría a ser completamente inútil. La estabilidad, la seguridad, la certeza, la consistencia y la permanencia no pueden ser garantizadas sin que antes se haya tenido previsto el cambio que la ley necesariamente debía de experimentar para adaptarse a las necesidades actuales de la sociedad.
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