A principios del siglo XIX Jeremy Bentham propuso un diseño arquitectónico, basado en los sistemas de disciplina social. El Modelo Panóptico, era aplicado en prisiones, fábricas e instituciones psiquiátricas. La efectividad del modelo estaba sustentada en la generación de estados de aislamiento y paranoia, producidos al instalar a los individuos en celdas, incomunicadas entre sí, dispuestas circularmente; sin poder ver a su vigilante, pero sabiendose escudriñados constantemente desde la torre central. En contrapartida, a esto el vigilante enfrentaba otro tipo de situación. Observar la celda del extremo izquierdo, podía significar perder de vista, no sólo a la opuesta, sino también a aquellas que estarían detrás de él; era imposible sostener un cerco de supervisión constante. Terminando el siglo XX, resultado de varias mejoras técnicas, la vigilancia se enfrenta de otra manera. Los circuitos cerrados de vigilancia por monitoreo, demuestran la transformación evolutiva del Edificio Panóptico, como modelo de vigilancia y control, ante los avances de la tecnología.
En el régimen panóptico, la vigilancia se convierte en autovigilancia, ya que no hay dónde ocultarse, y la "dictadura de la mirada" controla todo espacio público o privado. Una sociedad vigilada es la que ve paradójicamente su espacio público disociado, convertido en escenario de detección, y su anonimato urbano invadido por una mirada permanentemente vigilante, la calle como lugar de observación controlada, como espacio de control. Las grandes ciudades pierden aceleradamente el espacio público como espacio de libertad.
En el régimen panóptico, la vigilancia se convierte en autovigilancia, ya que no hay dónde ocultarse, y la "dictadura de la mirada" controla todo espacio público o privado. Una sociedad vigilada es la que ve paradójicamente su espacio público disociado, convertido en escenario de detección, y su anonimato urbano invadido por una mirada permanentemente vigilante, la calle como lugar de observación controlada, como espacio de control. Las grandes ciudades pierden aceleradamente el espacio público como espacio de libertad.
La experiencia de ser vigilado, adquiere diversos términos: videogilancia, "vigilancia universal", televigilancia, telepresencia o videopresencia, videoscopía, o maquinaria de la visión, es decir: "todos aquellos aspectos en los que se manifiesta la gran escalada sociológica de las máquinas de visión electrónicas
La videovigilancia es una práctica que debería estar legislada, ya que grabar, clasificar y almacenar imágenes de personas en espacios públicos y privados sin su autorización puede llegar a vulnerar los derechos y garantías fundamentales recogidos en la Declaración de los Derechos Humanos. Por lo que se hace necesario un régimen legal de regulación y control de quienes tienen la facultad de vigilar, así como un régimen especial de garantías que haga eficaz una ley al respecto.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no contempla en ninguno de sus artículos la regulación sobre el derecho a la propia imagen, honor e intimidad. La Declaración de los Derechos Humanos contempla algunos artículos que podrían aplicarse, y que sin embargo no tratan de lleno el problema, como los siguientes:
Art. 3º, Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Art. 6º.- Todo ser humano tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica.
Art. 7º.- Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio, o su correspondencia, ni ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Art. 8º.- Toda persona tiene derecho al acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
Las imágenes tomadas por cámaras del Estado o del gobierno, en un sistema de vigilancia panóptico que se implementa cada día con más énfasis en las sociedades modernas, no están a disposición de cualquier ciudadano, se consideran información clasificada de seguridad pública o seguridad nacional, y en algunas sociedades como la nuestra, insistimos, no está regulada, no hay un control sobre el que vigila, sobre sus implicaciones morales, sobre el uso que se hace del material grabado y sobre el papel del ciudadano en este proceso de vigilancia, que incluso corre el riesgo de convertirse en material de vigilancia como espectáculo.
En mi clase de informatica jurídica el maestro nos comentaba que el gobierno esta obligado a dar conocimiento de los lugares dentro de los cuales el servicio de videovigilancia será instaurado, el objeto de la filmación y en tratándose de calles señalarse el kilómetro exacto de la ubicación de las cámaras. El Distrito Federal es uno de los lugares donde más servicio de vigilancia existe, pues sólo basta echar un vistazo en hoteles, vías primarias, escuelas, centros comerciales, baños públicos, antros, bares, escuelas, servicios de transporte, probadores de ropa, clubes, edificios gubernamentales, bancos, super mercados, etc.
Si bien es cierto, que lo que se pretende con la videovigilancia es la disminución del índice delictivo en el D.F., lo que puede ser plausible como medida ante la creciente ola de la criminalidad de hoy día, también es importante puntualizar que la pobre e incipiente regulación jurídica que existe es insuficiente y deja un rango elevado de incertidumbre jurídica, afectando nuestro derecho a la privacidad que se ve violentado en nombre de la tan sonada seguridad pública.
En mi clase de informatica jurídica el maestro nos comentaba que el gobierno esta obligado a dar conocimiento de los lugares dentro de los cuales el servicio de videovigilancia será instaurado, el objeto de la filmación y en tratándose de calles señalarse el kilómetro exacto de la ubicación de las cámaras. El Distrito Federal es uno de los lugares donde más servicio de vigilancia existe, pues sólo basta echar un vistazo en hoteles, vías primarias, escuelas, centros comerciales, baños públicos, antros, bares, escuelas, servicios de transporte, probadores de ropa, clubes, edificios gubernamentales, bancos, super mercados, etc.
Si bien es cierto, que lo que se pretende con la videovigilancia es la disminución del índice delictivo en el D.F., lo que puede ser plausible como medida ante la creciente ola de la criminalidad de hoy día, también es importante puntualizar que la pobre e incipiente regulación jurídica que existe es insuficiente y deja un rango elevado de incertidumbre jurídica, afectando nuestro derecho a la privacidad que se ve violentado en nombre de la tan sonada seguridad pública.
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